Ser padres en los tiempos del ‘Fortnite’ – El mundo

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La tecnología ha cambiado la dinámica familiar. El psicólogo David de Cubas ofrece en un libro las claves para que los padres ‘analógicos’ aprendan a educar a sus hijos en esta nueva era digital

Quizá lo haya hecho usted alguna vez. Mientras viaja en autobús o al mantener una conversación con un amigo en un lugar público, puede haber pensado que dejarle el móvil a su hijo o hija pequeña para que se entretenga es una buena solución. Los adultos se asombran de la destreza que demuestran los niños desde muy temprana edad para manejarse con los dispositivos digitales, pero el psicólogo infantil David de Cubas García, especializado en educación y atención a familias, cree que introducirlos tan pronto en las nuevas tecnologías «es un grave error».

A lo largo de los años, afirma, «he visto cómo pequeños de tres años cogen el móvil de sus madres, y es la forma de ‘apagarlos’. Siempre me dicen que antes pasaba lo mismo con la televisión, pero es diferente. El individuo ante el móvil asume un papel activo y puede dominarlo y decidir». Por ello, añade De Cubas, «los padres necesitan mucha información, saber en qué momentos la tecnología puede ser buena y en cuáles no en el periodo de 0 a 20 años, no sólo hasta los 16 o 17».

A partir de su experiencia, este psicólogo valenciano ha elaborado una guía titulada Educación familiar en la era digital que pretende ofrecer claves para el desarrollo de relaciones estables entre padres e hijos, en un momento en el que las dinámicas sociales tradicionales se han visto radicalmente alteradas por la irrupción de la tecnología. Hasta el punto, señala De Cubas, de crear «una nueva generación de ser humano que se comunica de forma diferente y tiene un lenguaje propio que afecta al nivel cultural».

Ante este «cambio de paradigma que nos afecta a todos», explica, «los métodos que se han utilizado hasta ahora en las familias para la educación ya no sirven. Antes un padre te decía algo y por miedo, o por el castigo que te podían imponer, tú actuabas. Hoy en día eso no ocurre. El reto es diferente y los padres tienen que subir de nivel para adaptarse a los tiempos».

Lo más urgente sigue siendo «enseñar a los niños a pensar cuanto antes. Tienen que ser conscientes de las consecuencias que se derivan de sus actos y desarrollar el autoconocimiento para ver cuáles son sus debilidades y fortalezas». Lo que sucede, añade De Cubas, «es que hasta ahora la educación de los padres había ido por delante de nosotros. Nos han evitado errores, nos han dicho que no hiciéramos determinadas cosas, pero es que al final el ser humano crece en base a la adversidad y las equivocaciones que comete».

NUEVA GENERACIÓN

Esta nueva generación de niños y adolescentes «se ha acostumbrado a tenerlo todo y tenerlo ya», sostiene. «Tienen tantos estímulos, tantos instrumentos y actividades, que los niños se creen que todo viene fácil. Luego deberán buscarse ellos mismos soluciones para los problemas que les surjan sin ayuda de sus padres, y ahí ya tendremos las primeras debilidades de esta generación».

El despegue de las redes sociales sucedió a partir de 2010 y ahora, diez años después, ya se puede mirar hacia atrás con la perspectiva suficiente para ver sus efectos dentro de las familias. «Si la adolescencia ya era un periodo interesante de por sí, en el que el ser humano experimenta cambios puramente evolutivos que corresponden a procesos del yo interno, del crecimiento personal, ahora se le une una tecnología extremadamente motivante, algo contra lo que nada puede competir», afirma De Cubas.

A su juicio, «los smartphones son más que un teléfono y en ellos los adolescentes han encontrado una vía de escape para compartir, exponerse, comunicarse… y eso los padres analógicos no lo saben entender. En muchas familias se producen disputas por el móvil y los padres utilizan la metodología educativa del siglo XX de castigar y quitárselo a los hijos como medio para solucionar las cosas, cuando eso es algo contraproducente al máximo nivel porque lo que están consiguiendo es potenciar aún más el comportamiento del adolescente».

Lo más importante, subraya, es que se les enseñe a «asumir desde muy pequeños las consecuencias de sus actos. Porque la tecnología es buena y ha venido para quedarse. Lo que no es correcto es el mal uso que se está haciendo. Muchas empresas, por ejemplo, la están utilizando como medio de gestión del comportamiento humano, usando a adolescentes o incluso a niños para guiarles en el comportamiento, en la forma de pensar y decidir».

Es lo que sucede con los algoritmos que ‘deciden’ qué vemos en las redes sociales o en plataformas como YouTube. Esos algoritmos, sostiene De Cubas, «nos están educando a todos, porque nos llevan por donde quieren. Y a muchos padres les ha pillado a contrapié».

Los videojuegos, añade, también han encontrado una fórmula para crear adicción: «Ahora controlan el comportamiento con las actualizaciones, enganchando a los jugadores con los hitos que deben ir consiguiendo. Sucede con títulos como Fortnite, que ha utilizado la compra y venta de instrumentos y mercadería virtual y se ha convertido también en un negocio». El efecto es que si los niños pasan una semana sin jugar «se han perdido la película, no pueden comentarlo con sus compañeros y eso les genera una ansiedad muy alta», señala.

Por otra parte, De Cubas destaca que existen estudios que muestran cómo la tecnología puede «mejorar la atención, la concentración y la memoria en muchos aspectos, pero siempre que se haga un uso adecuado en el tiempo. Sabemos que un adolescente que utilice un móvil más de tres horas seguidas va a ver afectado su comportamiento, y los niños de 0 a 3 años no deberían usarlo porque el juego es mucho más importante que la tecnología».

Muchos colegios, asegura, «se han dado cuenta ahora de que las tablets no son la solución para todo, y están dando marcha atrás en su implantación. La velocidad de la tecnología nos ha llevado a tener niveles de información insospechados, pero la forma en la que gestionamos esa información ante cerebros que son vulnerables, especialmente entre los 0 y los 20 años, puede influir negativamente en ellos. Y muchos niños que están enganchados a los videojuegos o al móvil están viendo cómo eso repercute en su nivel educativo y de lectura».

Al formar una familia, apunta De Cubas, «se deben tener claras cuáles son las estrategias educativas para utilizar la tecnología y en ellas el niño y no los padres debe ser el eje central. En mi consulta no paro de ver casos de adicciones a los videojuegos o a los móviles, broncas constantes, llamadas a la Policía o la Guardia Civil para que intervengan ante la agresividad en los hogares, niños que sufren alteraciones en el sueño o la alimentación por culpa de la tecnología. Hemos necesitado tiempo para advertir todos estos cambios y ya estamos en el momento de tomar conciencia».

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